sábado, 8 de noviembre de 2014

Víctor Botas: poesía y publicidad

En aquella Bagdad de Las Mil y Una Noches
un rico mercader de luengas barbas
quizás te ofrecería
lentas ropas de púrpura o sedas temblorosas
tan frescas como el agua.
Pero esto no es Bagdad
ni tampoco nosotros un rico mercader
(has de fijarte: en Pigüi no tenemos
siquiera un mal mostacho
que llevar a la boca.
Así que solo moda
de esa «prêt-a-porter» podemos ofrecerte:
moda igual a la de
alguna que otra tienda—no son muchas—
de esta ciudad prosaica y burguesota.
(Bueno, igual del todo no:
lo nuestro—ya me entiendes—suele ser
un poquitín distinto.


Este poema de Víctor Botas aparece en un anuncio publicitario de una tienda de moda. Aunque en el anuncio aparece en prosa, al leerlo intuimos un ritmo que se identifica con los versos en que hemos dividido el poema. Desde el punto de vista literario, este poema alude a una colección de cuentos de la literatura oriental que evoca un mundo exótico y suntuoso. Utiliza epítetos (temblorosas, rico, lentas), adjetivos arcaicos (luengas) y la figura retórica de la personificación (lentas ropas). Cultiva el registro literario y el coloquial, e incluye juegos de palabras (luengas barbas/mostacho)  y un final anticlimático, entre paréntesis y poco rotundo, que llaman la atención del lector. Por esto, a partir de recursos literarios y de la originalidad y la innovación, se hace de un  buen poema un gran elemento publicitario, que además se complementa con la tipografía y el diseño del anuncio. 

domingo, 2 de noviembre de 2014

La pasión del editor: la corrección

Una de las principales labores del editor es mejorar el estilo y la expresión de un texto, para embellecerlo pero también para plasmar mejor la idea que se quiere transmitir. A continuación, tenemos algunos ejemplos de corrección:
·         «Un libro correctamente editado es aquel que pasa a formar parte de nuestra vida y da sentido al universo»: Los libros que nos acompañan a lo largo de la vida son los que nos explican el mundo y lo hacen habitable.
·         «El lector que ayude a pulir la obra»: El editor debe ser un primer lector que ayude a pulir la obra.

·         «El trabajo del editor consiste en reunir todo aquello que el autor le proporciona y modificarlo de forma que sea percibido como una sola unidad»: El editor trata de mejorar la obra teniendo en cuenta la opinión del autor. 

La pasión del editor, Jaume Vallcorba

Jaume Vallcorba, creador de Quaderns Crema y Acantilado, pronunció una conferencia el pasado 1 de julio en la que expuso las claves de la edición y en la que reivindicó la importancia de su oficio. A continuación, desglosamos la conferencia en aforismos:
·         Releer las obras que admiramos en nuestra juventud nos conecta con el ‘yo’ del pasado y nos reconforta.
·         Los libros de nuestra biblioteca no solo contienen literatura, sino recuerdos personales que revalorizan al libro como objeto.
·         Editar es proponer una lectura enriquecedora para cualquier persona.
·         En la labor de edición hay tres elementos fundamentales: trabajo intelectual, artesanal y empresarial.
·         Publicitar la obra es tan importante como la calidad del trabajo previo de edición.
·         La calidad del producto no asegura su visibilidad. No se trata solo de publicarlo, sino de publicitarlo.
·         Internet es un lugar infinito en el que cualquier obra puede pasar desapercibida. Por eso el trabajo del editor consiste en rescatarla, darle protagonismo, enmarcarla.
·         Los clásicos se caracterizan no solo por su propia calidad, sino por la de aquellos otros clásicos con los que dialoga. Esta conversación ayuda a construir el marco que la editorial debe elaborar.
·         El editor trabaja en la obra del escritor para mejorarla y pulirla, siempre de acuerdo a la voluntad del autor. Lo mismo ocurre con las traducciones: la labor del editor es esencial para que la lectura del texto fluya como si hubiera sido escrito en la lengua materna del lector.
·         El trabajo tipográfico del editor ha de ser invisible, dejando todo el protagonismo a la obra literaria. Solamente hay un lugar en el que el editor debe resaltar el libro frente a la obra literaria: en la librería. El libro tiene que mostrarse atractivo, sugerente.
·         Aquellos libros en los que la calidad literaria se une con la buena edición son los que nos acompañan durante la vida, nos explican el mundo y lo hacen habitable.


John Banville, Premio Príncipe de Asturias de las Letras

El pasado 23 de octubre John Banville, primer escritor irlandés en ser galardonado con el Premio Príncipe de Asturias, daba una charla en el Salón de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras de Oviedo. Guiado por las preguntas de dos doctores en literatura y dos estudiantes, el escritor fue resolviendo las dudas que suscita la lectura de su original obra.
Banville tiene a sus espaldas una larga trayectoria en la que ha escrito novelas, narraciones breves, libros de viajes e incluso guiones de televisión. A pesar de su prolífica labor literaria, hasta antes de 2007 no era muy conocido en España; a partir de entonces se le empieza a conocer por escribir novelas que aparecen firmadas como Mr. Black. La originalidad de Banville, pues, estriba poseer este alter ego, Benjamin Black, al que él denomina su «oscuro hermano gemelo» y que, al igual que Banville, también escribe, pero en su caso algo muy diferente: novela negra.  El escritor explica que mientras que él escribe a partir de la reflexión e intenta ser un artista en sus novelas, Black no tiene esas pretensiones y su escritura es resultado de la espontaneidad. Banville se define a él y a su alter ego como las dos facetas de la misma persona, muy difíciles de separar. Sin embargo, el hecho de tener más de un ‘yo’ no resulta llamativo para él, pues explica que todas las personas cambian y evolucionan a lo largo de las etapas de la vida, reinventando su personalidad aunque conservando los miedos e instintos básicos que ya teníamos en la Prehistoria.
El escritor también confesó que su proceso creativo se sustentaba en buena parte en su fascinación por el pasado, así como la concepción que tiene sobre él. Banville considera que las etapas de la vida emanan una luz especial una vez que ya forman parte del pasado, y por eso analiza en su obra por qué la consideración de los hechos es diferente mientras los estamos viviendo que cuando ya han ocurrido y los analizamos desde otra perspectiva. Banville también habla de la tradición irlandesa, y explica que es un orgullo formar parte de una tradición en la que ha habido grandes figuras. Enlazando con el tema del pasado, el escritor reflexiona sobre los inicios de su carrera, en los que su gran ambición le llevo a escribir Copérnico, obra que forma parte de una trilogía y que ahora analiza con ojos críticos. Reconoce que tal vez fue un error embarcarse en un proyecto en el que el rigor histórico tenía que ser exhaustivo. Demuestra no tener ningún reparo en analizar su trayectoria con dureza y afirma que cuando repasa su obra, ve muchos fallos. 
Del mismo modo, ensalzó la labor de los traductores, pues reconoce que Banville es difícil de traducir, y resalta la importancia de conocer todos los valores de la lengua, con sus elementos culturales y tradicionales, algo de gran relevancia en su escritura.  


sábado, 25 de octubre de 2014

Los elementos fundamentales del libro

Un libro bien editado tiene que constar de unas partes con las que el lector ya está familiarizado, que le facilitan la identificación y la lectura del texto y cuya aparición son señal de confianza y calidad. Las partes son las siguientes:
·         La cubierta. Está impresa en un material diferente, y puede tener una sobrecubierta que a veces lleva las ilustraciones. En la cubierta tiene que aparecer el título, el nombre del autor y el logo de la editorial. Este sello es importante, pues indica que el libro es una parte de una gran colección. Este elemento sirve para llamar la atención y, en cierto modo, es un elemento publicitario, pues se destaca lo que más interesa, ya sea el nombre del autor o de la obra. Además, puede llevar una faja, donde se indican otros datos de interés para el lector.
·         La contracubierta. Puede llevar un texto que publicite el libro, pues este producto necesita publicitarse a sí mismo. Un mismo autor tiene muchos libros, de manera que no podría haber una campaña publicitaria para cada uno de ellos.
·         La solapa. Es la parte de la portada que se dobla y donde se recoge un texto que explica la obra, aunque ahora esto es más común en la contraportada. Es una especie de texto publicitario en el que se informa y se destacan los aspectos más llamativos e incluso una breve referencia al autor. Este texto es responsabilidad del editor, aunque haya sido escrito por otra persona.
·         En el interior, un libro bien editado siempre constará de dos páginas en blanco, llamadas páginas de cortesía. A continuación está la portadilla, que muestra el título del libro, la cuarta página está en blanco, y la quinta es la portada, donde están los datos fundamentales que componen la ficha bibliográfica: el nombre del autor, el título, el nombre del traductor (si la obra ha sido traducida) y el logotipo de la editorial. En el reverso de la portada encontramos los títulos de crédito, la información legal, los responsables de la ilustración y la fotografía, el número de edición y sobre todo el ISBN, número internacional para vender libros, y el depósito legal, que permite saber cuántos libros se publican cada año. Al final del libro, anteriormente, también había un colofón, situado en página impar, con la fecha concreta en que se imprimió.

·         El índice puede aparecer al principio o al final. Según la tradición española, los índices van al final; aunque ahora la posición es indistinta. Al principio, se pone el sumario y, al final, el índice detallado, los índices de ilustraciones y onomásticos, que son una herramienta imprescindible para saber si una obra contiene lo que buscamos.  

Autor y editor: texto y paratexto

Libro y obra literaria no se identifican, pues la literatura es mucho más antigua de lo que lo son los libros, que surgen en el siglo XV con la imprenta. Los libros publican muchas obras que no son literarias, y también hay mucha literatura que no se publica en libros, especialmente en la actualidad, donde la literatura se decanta por otros medios como pueden ser los blogs.
Durante siglos, el término ‘literatura’ se refería a todos los textos escritos, por lo que hay que tener en cuenta sus variaciones de significado a lo largo del tiempo, hasta el punto de que la literatura puede no ser escrita, sino que puede aparecer en canciones, recitaciones, etcétera. Por otra parte, las obras literarias tienen una extensión indeterminada, muy variable. Por lo tanto, en un libro puede haber una o más obras literarias.
Al contrario de lo que se piensa muy a menudo, en la obra literaria se coordinan dos responsabilidades, que son las del autor y editor. El concepto de editor también varía en función del país y la cultura, pues en algunos casos el editor sostiene la mayor responsabilidad, como en el caso de las novelas anónimas, en otros el editor es casi un coautor, un colaborador del autor que sigue paso a paso la evolución de la obra.
La labor fundamental del editor es la revisión, adaptación y corrección ortográfica y tipográfica,  es decir, la regularización según las normas de la publicación de que se trate. Su labor es importante en todo tipo de textos, pero sobre todo en los literarios, con el fin de que el lector pueda entrar de lleno en ellos y para que su lectura no se interrumpa con erratas o excesivas notas en el pie de página. Además, el receptor de la obra ya está familiarizado con unas normas tipográficas que le facilitan la lectura. La figura del editor da confianza al lector, pues en la actualidad muchos libros son editados por empresas que se encargan de la maquetación del libro, pero el hecho de no haber un intermediario hace que el resultado no sea el mismo, y el lector lo sabe. El editor, pues, se encarga de los paratextos. Hay cuatro tipos de ediciones:
·         Edición facsímil. Es una copia de una edición concreta de la obra, incluidos sus aspectos formales, es decir, no reproduce solo el texto sino la edición completa. Es valioso por el objeto en sí, por sus ilustraciones, grabados o tipografía, y también como objeto de estudio, ya que si quedan pocos ejemplares de una edición, de este modo se reproducen más. Este tipo de edición,  cuya realización muy costosa, ahora se ha vulgarizado debido a los medios digitales.
·         Edición paleográfica. Consiste en la transcripción de escrituras antiguas y de todos los datos del documento original. Son propias de otras épocas.
·         Edición crítica. Es una reconstrucción más o menos aproximada del texto original del autor a partir de muchas ediciones manuscritas. Suelen aparecer muchas notas, que deben ir al final del libro y no a pie de página, donde también se incluyen datos de otras variantes de la obra.
·         Edición anotada. Este tipo de edición incluye notas a pie de página para explicar algún aspecto determinado del texto. Estas notas deben ser las imprescindibles, para interrumpir lo menos posible la lectura. El objetivo con que se añaden las notas es que el lector pueda entender el texto como lo entendían los contemporáneos del lector. Cuanto más antiguo es el texto, más difieren las referencias y más necesarias son las notas. Las notas pueden ser de varios tipos: lingüísticas, si se tratan de textos medievales en los que aparecen palabras que han evolucionado o cambiado su significado; culturales, si hay que aclarar alguna referencia al contexto, y para niños, sobre todo en las obras adaptadas a público infantil.

Aforismos de Andrés Neuman

Andrés Neuman es un escritor y traductor argentino que publica escritos breves en su blog, Microrréplicas. Bajo el sugerente subtítulo: La brevedad puede ser infinita, Neuman plasma sus infinitas ideas en breves aforismos, como los que recogemos y comentamos a continuación:
«Los personajes no se presentan: simplemente actúan». Este aforismo contiene un principio muy importante en la creación literaria, pues afecta a los encargados de ejecutar la acción que vertebra el relato. El autor puede dar una visión sobre uno de sus personajes, puede opinar sobre él, y pone palabras en su boca que tal vez nos hagan pensar que es de una manera determinada. Sin embargo, lo que de verdad importa y lo que realmente define a un personaje son sus acciones, reacciones y pensamientos: un personaje es lo que hace y lo que piensa, no lo que dice que hace o dice que piensa.
«Cállate: dime». Este brevísimo aforismo condensa en lo que parece un enunciado en estilo directo algo muy relevante en cuanto a la comunicación humana. A pesar de que con las palabras expresamos nuestros pensamientos y sentimientos, en muchas ocasiones no es la manera más sincera de hacerlo, sino que comenzamos a expresar sinceramente nuestro yo, precisamente, cuando callamos. Esto lo hacemos con otros signos no verbales, como la mirada, los gestos faciales… El silencio es, a veces, más relevador que las palabras, que en numerosas ocasiones solo sirven para encubrir la verdad, y no para revelarla.
«Jamás satisfagas la curiosidad del lector». Este aforismo parece uno de los diez mandamientos del buen escritor. El escritor no tiene que darle al lector la conclusión del libro, solo tiene que ofrecerle los datos para que el lector pueda extraer su propia reflexión. La obra literaria no tiene que agotar todas las posibilidades, sino que tiene que dejar abierta la puerta a nuevas interpretaciones, que variarán dependiendo de cada lector, haciendo que la lectura sea así algo mucho más rico y universal, algo más trascendente que una historia que empieza y acaba. El autor solo tiene que guiar al lector en su propia comprensión e interpretación.


Para leer:
http://andresneuman.blogspot.com.es/
Para saber más sobre Andrés Neuman:
http://www.andresneuman.com/